9/2/16

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TDAH).

El más controvertido de los trastornos de desarrollo puede que sea el TDAH entre otras cosas porque los profesores y maestros lo utilizan como una etiqueta para los alumnos indisciplinados y a los médicos les resulta más fácil diagnosticar un caso como TDAH que realizar un estudio profundo que evidencie un trastorno más complejo de determinar. Además, el investigador al que se atribuye el descubrimiento del TDAH, el psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg, siete meses antes de morir afirmó que se trataba de "un ejemplo de enfermedad ficticia" en el semanario alemán 'Der Spiegel', lo cual contribuyó a la creencia de que este trastorno no existe en realidad. Antes de desatar la polémica uno de los principales logros de Eisenberg fue conseguir que se creyera que el TDAH tiene causas genéticas con lo que el tratamiento con medicamentos es menos cuestionable aunque, al igual que el síndrome de Asperger, no tiene consideración de enfermedad. Los primeros intentos de explicar la existencia del TDAH fueron llevados a cabo en los años 30. En aquel momento, los médicos que trataban a niños con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse les diagnosticaban el síndrome posencefálico, pese a que la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis. Fue precisamente Leon Eisenberg quien en los años 60 volvió a hablar de dicho trastorno y en el año 1968 incluyó la enfermedad en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. En los años ochenta se reformuló la definición del trastorno como un déficit atencional y no únicamente como trastorno hipercinético. Así, aquellos en los que el déficit predominante sea la inatención se considerarán englobados en el grupo de atencionales y quienes presenten mayor dificultad por impulsividad e hiperactividad pertenecerán al grupo de hipercinesis. Sin embargo es bastante común encontrar ambas categorías en una misma persona. Mucha gente puede mostrar esta sintomatología en un momento u otro de su vida, de modo que, de igual forma que sucede con la ansiedad o con la depresión, se considera trastorno solo cuando este comportamiento es crónico y característico de una persona, deteriorando su capacidad de interactuar con los otros o dificultando la capacidad de realizar tareas. Bajo esta premisa se estima que más del 80% de los niños que presentan el trastorno continuarán padeciéndolo en la adolescencia, y entre el 30-65% lo presentarán también en la edad adulta. Así que el diagnóstico a una edad temprana y la realización de un tratamiento multidisciplinar adecuado condicionan el pronóstico y su evolución. Los síntomas más frecuentes son impulsividad, falta de memoria, una incapacidad crónica para concentrarse o enfocarse en una cosa particular a la vez y que se distraen fácilmente. No supone falta de inteligencia y no son niños necesariamente vagos ni desmotivados. Aunque no se puede obviar que es habitual la conducta disruptiva en niños con este trastorno lo cierto es que su propia inquietud se confunde a menudo con una mala conducta, lo que lleva a castigarles en exceso sin motivos reales. Como presentan dificultades de lenguaje son menos eficaces en los procesos de autorregulación conductual porque las tareas lingüísticas requieren niveles altos de atención, inhibición, memoria de trabajo, planificación y organización, que son aspectos en los que estas personas se presentan deficitarias. Los síntomas son tan abiertos a la interpretación que es difícil de precisar quién lo tiene y quién no y la sobre medicación es rampante, aunque lo cierto es que entre aquellos que tienen un verdadero caso resulta útil para tratar los síntomas.




En el niño con TDAH existen alteraciones que pueden producir un rendimiento académico pobre, asociado a una baja autoestima, alteraciones emocionales y/o problemas en la integración social. Experimentan muchas dificultades para concentrarse y prestar atención; se aburren fácilmente y no terminan sus actividades correctamente o cometen numerosos errores por despiste. Sin embargo, el TDAH no es necesariamente negativo. Hay niños, adolescentes y adultos con TDAH con un adecuado ajuste escolar, personal y social. El niño con TDAH no puede dejar de serlo, dado que no se puede hacer que desaparezcan las causas de su trastorno (una alteración evolutiva que afecta a la maduración de algunas de sus funciones mentales y a su desarrollo), sin embargo es posible mitigar o eliminar las consecuencias negativas o síntomas que produce el trastorno y existen factores que ayudan a una buena evolución como el diagnóstico precoz, una educación coherente y competente o la transmisión de valores positivos y estabilidad. El adolescente con TDAH que no reciba tratamiento durante la infancia tendrá unos síntomas más marcados y podría mostrar otras alteraciones asociadas o la tendencia a realizar conductas de riesgo como el consumo de alcohol, adicción a sustancias, conducta antisocial… Las conductas rebeldes, oposicionistas y desafiantes son muy frecuentes en los niños con TDAH (dificultad para obedecer y cumplir normas, contestan a los adultos, parecen no escuchar cuando se les manda hacer algo, discuten o interrumpen con frecuencia) debido a que tienen dificultades para percibir su propia realidad y la de su entorno, lo que provoca que se sientan incomprendidos y reaccionen de esta forma. En la población pediátrica, se identifica el TDAH más en varones que en mujeres pero se da en ambos sexos. La cuestión es que los síntomas asociados son muy diferentes entre ambos. Las niñas no suelen tener problemas de conducta y suelen acudir a consulta de psicología o pedagogía por presentar problemas de aprendizaje y bajo rendimiento escolar. Por el contrario, en los varones predomina el subtipo hiperactivo-impulsivo o bien de tipo combinado (déficit de atención e Impulsividad) y estos subtipos suelen ir acompañados de conducta disruptiva en el aula y falta de cumplimiento de normas en la familia. A veces el propio TDAH se presenta con trastornos comórbides. Los más comunes incluyen: trastorno negativista desafiante (TND), trastorno de conducta (TC), trastornos de ansiedad/estado de ánimo y tics. Cuando los adolescentes con TDAH presentan además asociado un cuadro o un diagnóstico de trastorno disocial, la probabilidad de presentar otros problemas de conducta, accidentes de tráfico, problemas afectivos, rechazo social y problemas académicos como absentismo escolar o muy bajo rendimiento académico, se incrementan exponencialmente aumentando los riesgos y limitando la efectividad de las intervenciones. Los ejes terapéuticos principales para estos casos deben ser diseñados en base a las siguientes estrategias terapéuticas:
- La prevención de conductas de riesgo y comportamientos problemáticos y el trabajo sobre el autocontrol.
- Trabajar la autorregulación emocional para desarrollar formas óptimas de expresar los sentimientos negativos, convertirlos en sentimientos positivos y en acciones útiles y entrenar para modificar estados de ansiedad, frustración y rabia en estados de relajación y autocontrol.
- Atender a los aspectos subyacentes del problema (entorno familiar, dificultades personales, problemas afectivos, entorno escolar, problemas psicológicos, etc.)
- Establecer límites y normas de actuación Como trastorno complejo, cuyos síntomas están presentes en muy distinto grado en cada persona, no existe un único TDAH, sino diferentes sujetos que padecen TDAH.