15/2/16

Torpeza y mala motricidad en el Síndrome de Asperger.

La torpeza y mala motricidad son rasgos de frecuente aparición en las personas con síndrome de Asperger y están recogidos en las clasificaciones diagnósticas más reconocidas y prestigiosas. De hecho es frecuente que los niños tarden mucho tiempo en aprender a manejar una bicicleta, hacerse el lazo en los cordones de los zapatos e incluso abotonarse las camisas. Una de las quejas habituales de los docentes es sobre la mala grafía de sus alumnos con Asperger y en el caso de los adultos suele darse la sensación de torpeza en los movimientos o falta de agilidad. Recordamos que no todos los rasgos se dan en todas las personas y que los criterios refieren a características que se dan con una alta frecuencia pero no siempre. Así pues no es de extrañar encontrar personas con diagnóstico de Asperger que no muestren en absoluto torpeza motriz. Sin embargo este criterio concreto, por ser tan común, ha sido recogido por los más prestigiosos investigadores en la forma siguiente:

- Hans Asperger, en "El síndrome de Asperger" (“psicopatía autista”) (1944)  ya refiería que "a menudo se observa un retraso en el desarrollo motor y una torpeza en la coordinación motriz".

- Lorna Wing en 1998 afirmó que en el Asperger  "el desarrollo motor (grueso y fino) puede manifestarse retrasado y existen dificultades en el área de la coordinación motora."

- En el síndrome de Asperger, según Christopher Gillberg (1989), se detectan "anomalías en el desarrollo motor: en los exámenes neurológicos de su desarrollo se observa retraso temprano en el área motriz o anomalías y torpeza motriz."

- Según Peter Statmari con respecto al Asperger (1989) "sus gestos suelen ser torpes y exagerados".

- Digby Tantam al explicar las pautas de diagnóstico para adultos explica que se produce en el adulto con síndrome de Asperger la " impresión de torpeza en la coordinación motora".

Ana González Carbajal en un artículo publicado por la Federación Asperger España, especifica que hay diferencias importantes entre los criterios dianósticos de unos y otros como que solo Gillberg incluye la torpeza motora como criterio relevante en el diagnóstico diferencial. (Se puede leer su artículo completo AQUÍ). En los demás casos dicha torpeza se menciona más como algo residual. Pasa igual con otros rasgos diagnósticos que son fundamentales según alguno de los investigadores pero secundarios según los demás. Por ejemplo Szatmari no enfatiza la limitación de intereses propios y rutinas; el DSM y la CIE incluyen como criterio la ausencia de retraso en el desarrollo del lenguaje; Lorna Wing sitúa las primeras manifestaciones conductuales en el primer año de vida y Gillberg considera la posibilidad de que exista en algunos casos un retraso mental leve.

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