10/2/16

¿Si mi hijo no cumple con todos los criterios es porque no tiene síndrome de Asperger?


Lo que distingue el síndrome de Asperger de otros desórdenes autísticos es una gran habilidad con el lenguaje y, más raramente, la coexistencia con la torpeza de movimientos. Las personas con Asperger y aquellas con otros TEA comparten, como hemos dicho antes, el mismo rango de problemas (dificultad en la comunicación de sentimientos, el fracaso en entender las manifestaciones no verbales de los otros, etc.) y en consecuencia tienen los mismos problemas sociales de base aunque pueden ser más difíciles de observar. A causa de que los Asperger son más comunicativos que los restantes autistas la carencia de lo que se denomina "estructura atencional" puede no ser muy obvia y las actividades restrictivas (por ejemplo la lectura de mapas o la memorización de listas de nombres) pueden estar indicando el deseo de tornar explicable un mundo que puede parecerles impredecible.
No todos los niños presentan todos los síntomas descritos como clásicos y ninguno de ellos es patognomónico o decisivo. Consecuentemente, la ausencia de cualquiera de ellos no es excluyente del diagnóstico. Estas personas encuentran difícil ajustar su comportamiento al de los demás, ya que no entienden muy bien las convenciones y normas sociales. Suelen tener problemas para compartir el mundo emocional, el pensamiento y los intereses. No les resulta sencillo apreciar las intenciones de los demás, desarrollar juegos y hacer amigos. En consecuencia, el mundo social no les resulta fácil y en muchas ocasiones no les interesa, mostrando aislamiento. Estas limitaciones sociales están especialmente marcadas en la infancia, atenuándose un poco a lo largo de la vida ya que su interés social va aumentando espontáneamente y ello favorece el aprendizaje de nuevas competencias.
El síndrome de Asperger puede no ser diagnosticado hasta la adultez, lo cual facilita que muchos Asperger vayan a colegios ordinarios (con sus ventajas y sus desventajas). El diagnóstico de síndrome de Asperger en adultos es muy difícil ya que reconocer los síntomas requiere un profundo conocimiento, habilidades y experiencia diagnosticando.
Como parámetros básicos para dicho diagnóstico se recoge un peculiar comportamiento que a menudo hace que se califique al adulto como raro o excéntrico (friki, a veces); cierta lentitud para comenzar a hablar, falta de habilidades para participar y disfrutar de conversaciones o pequeñas charlas y ausencia de contacto visual durante la comunicación; incomodidad con la postura y carencia de expresiones faciales que provocan a menudo que se les tilde de ser groseros e irrespetuosos; problemas relacionados con las emociones como el poco control sobre la ira, la depresión y la ansiedad o su sorpresa cuando se les informa de que sus acciones y comportamiento son inadecuados. Como los niños Asperger los adultos tienen cierta incapacidad para adaptarse a diferentes situaciones sociales y con frecuencia presentan adhesión estricta a rutinas, baja tolerancia a ruidos fuertes, las luces brillantes y las multitudes. Los adultos con este trastorno, de forma general, tienen una inadecuada comprensión de los códigos de conducta sexual y no se sienten comprendidos. Por otro lado están las alteraciones cualitativas de la comunicación: el lenguaje no es utilizado de manera social para compartir experiencias y vivencias, presentando dificultad para iniciar o mantener una conversación recíproca, comprender sutilezas, bromas, ironía o dobles intenciones. Este fallo de la comunicación verbal se acompaña además de pobreza o ausencia de la comunicación no verbal: gestos, posturas o expresiones faciales que acompañan normalmente al habla o la sustituyen.
En conclusión: El Asperger no establece una relación “correcta” con su entorno ni con los demás. La duda es si no relacionarse correctamente con el entorno les vuelve diferentes o si ser diferentes hace que su relación con los demás sea extraña.



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