9/2/16

Prosopagnosia.

La prosopagnosia, que a veces aparece en algunas personas con síndrome de Asperger, es una forma específica de agnosia visual caracterizada por una incapacidad de reconocer los rostros. El término fue acuñado en 1947 por el médico Joachim Bodamer, caracterizándola como la interrupción selectiva de la percepción de rostros, tanto del propio como del de los demás, que pueden ser vistos pero no reconocidos como propios de determinada persona. A pesar que se creyó inicialmente que era consecuencia de un traumatismo en el cerebro actualmente se han documentado casos de personas que la padecen desde su nacimiento. El trastorno también ha sido diagnosticado como un padecimiento psicológico aun cuando se ha documentado que es somático. Ciertos pacientes pueden percibir con mayor claridad, aun cuando sea en forma borrosa, los rostros de las mujeres y no los de los hombres, y viceversa, y quien padece de prosopagnosia puede recordar quiénes son sus amigos, familiares y personas con las que se relaciona, incluso recuerdan el cabello y los tonos de la piel, los aromas, la voz y todo lo que en general se denomina “contexto” de la persona, sin embargo, no pueden ver o comprender su rostro, a pesar que sí pueden reconocer gestos y emociones. La prosopagnosia es en realidad una especie de desconexión entre la vista y el cerebro. Los ojos funcionan correctamente y son capaces de ver las distintas partes que componen un rostro y que son las características que nos permiten recordarlo, pero el cerebro se muestra incapaz de interpretar la información que recibe a través del sentido de la vista, e impide que el sujeto reconozca a otras personas. Tal vez por ello, a este trastorno se le conoce como faceblindness o ‘ceguera de rostros’. Las personas que nacen con este problema suelen desarrollar técnicas adaptativas para reconocer a otros individuos por su voz, la ropa que visten, o sus ademanes, y a veces no se dan cuenta de que sufren prosopagnosia hasta que llegan a adultos. La agnosia de caras no familiares quizás es más frecuente que la prosopagnosia: tiene relación con lesión hemisférica derecha posterior, en regiones occipital y posterior y va acompañada de alteraciones viso-espaciales. Ante estas dificultades se puede ayudar a la persona afectada a que desarrolle distintas estrategias con las que compensar su déficit. Para tratar de mejorar el reconocimiento de los rostros familiares resulta especialmente útil hacer uso de claves contextuales de la persona como son:
- Pelo: forma, color, etc.
- La voz o forma de hablar
- Particularidades propias de la cara: cicatrices, lunares, color de ojos, la forma de la nariz, etc.
- Uso de determinados complementos de uso cotidiano como son las gafas
- Forma de caminar o de moverse
- Modo de vestir.

Se recomienda que las personas de su entorno más cercano le digan el nombre para que siempre sepa con quién está y no le cause mayor frustración la situación de duda, así como evitar aglomeraciones de público, las reuniones sociales y películas donde aparecen muchos personajes.

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