15/1/16

Kanner, Asperger y Wing.



   En 1943 Leo Kanner extrajo las tres características fundamentales, principales o primarias, de lo que dio en llamar “autismo infantil precoz” y que recibe ahora el nombre de “autismo clásico” o “autismo de Kanner”, y las clasificó como:
   1) la dificultad para la interacción social recíproca;
   2) las alteraciones del lenguaje y de la comunicación tanto en el plano expresivo como en el receptivo;
   3) la insistencia obsesiva en la invarianza, es decir, la necesidad de que nada cambie y todo permanezca igual. Identificó además otras características secundarias o asociadas, que pueden estar o no presentes, es decir, que no siempre aparecen, y que incluirían los problemas de alimentación y sueño, los problemas de conducta, la ausencia de rasgos físicos que denoten discapacidad, una memoria excelente, una expresión facial inteligente, la hipersensibilidad a ciertos estímulos o la procedencia de padres con un alto nivel de inteligencia.
   También en 1943 Hans Asperger, sin conocimiento de los estudios de Kanner, daba a conocer la descripción de un grupo de niños que presentaban como característica común una marcada discapacidad para la interacción social, a pesar de su aparente adecuación cognitiva y verbal, y reunían una serie de características clínicas que daban lugar a lo que él denominó originalmente “psicopatía autística” [1] y que eran extraordinariamente coincidentes con las características que Kanner había descrito. En su estudio Asperger identificó un patrón de comportamiento y habilidades, percibido predominantemente en niños varones, que incluía cierta ausencia de empatía; reducida habilidad para las relaciones sociales y dificultad para hacer amigos; conversaciones solitarias; un profundo arraigo a un interés especial; movimientos torpes o problemas con la coordinación motora e imaginación deteriorada.



   Las personas con síndrome de Asperger muestran parte o la totalidad de estas características, en un grado mayor o menor, así que en base al descubrimiento y las aportaciones de Hans Asperger se acepta ahora que este síndrome representa un trastorno del desarrollo con base neurológica, de causa desconocida, en el que existen desviaciones o anormalidades en tres amplios aspectos del desarrollo, coincidentes con las tres características del autismo de Kanner o autismo clásico, a saber:
   1) conexiones y habilidades sociales,
   2) el uso del lenguaje con fines comunicativos y
   3) ciertas características de comportamiento y de estilo relacionadas con rasgos repetitivos o perseverantes o con una limitada pero intensa gama de intereses. La presencia de estos tres tipos de disfunciones, cuyo grado puede ir de relativamente moderado a severo, sería la que define clínicamente todos los trastornos del espectro autista,  junto a las dificultades para comprender la conducta social de los demás.
   En el mundo de habla inglesa el trabajo de Hans Asperger fue prácticamente ignorado, sin embargo, en Europa tuvo cierta influencia sobre la psiquiatría infantil. Asperger, años más tarde, leyó acerca del trabajo de Leo Kanner y argumentó, si bien con poca convicción, que habían identificado síndromes separados con unas grandes coincidencias.




   Judith Gould y Lorna Wing en los años 70 llegaron a la conclusión de que existe un continuo autista y en 1981 Lorna Wing usó el término “síndrome de Asperger” por primera vez, para describir a un subgrupo de pacientes dentro del continuo autista. Gracias a ella el término llegó a ser usado ampliamente en el mundo de habla inglesa también, en donde los estudios de Hans Asperger habían sido ampliamente ignorados. Ese mismo año publicó una revisión del trabajo de Asperger describiendo el SA con el objetivo de extender los límites diagnósticos del autismo, incluyendo un grupo de personas que manifiestan un trastorno social primario, de naturaleza autista, pero que no cumplen la totalidad de criterios diagnósticos del autismo.


   Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del síndrome de Asperger:
   1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.
   2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial. (Sobre este punto puede profundizarse más en el capítulo sobre lenguaje de este mismo libro).
   3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.
   4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinados. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.
   5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.


   La hipótesis de un continuo autista fue propuesta por Wing para recoger y explicar los distintos grados de afectación en la interacción social, la comunicación y la imaginación, de modo que en un extremo del continuo se situaría el desarrollo normal y en el otro extremo el autismo clásico (o síndrome de Kanner). Con esta aportación se empieza a considerar el autismo como un continuo en el que se altera cualitativamente un conjunto de dimensiones: los trastornos de la relación social; el trastorno de la comunicación y la falta de flexibilidad mental. Gracias a Wing el Asperger se ha ubicado entre los trastornos del desarrollo en general y en el espectro del trastorno autista en particular.
   De acuerdo a su hipótesis las personas con síndrome de Asperger no presentarían problemas en uno de los tres elementos de la tríada (las dificultades de comunicación y lenguaje) y tendrían un desarrollo cognoscitivo conservado. Habría afectación, no obstante, en la interacción social  y por la aparición de un modelo restringido de actividades e interés.





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[1] De la Iglesia Gutiérrez, Myriam. José-Sixto Olivar Parra,  Autismo y Síndrome de Asperger. Trastornos del espectro autista de alto funcionamiento. Editorial CEPE. Madrid, 2007