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Síndrome de Asperger y problemas con el sistema educativo.


(Artículo revisado y actualizado en Agosto de 2017)



   Ante el desconocimiento general sobre el síndrome de Asperger y las necesidades educativas especiales que tienen los niños y adolescentes afectados por el mismo a continuación responderemos de forma clara y con las adecuadas referencias bibliográficas a las siguientes preguntas: ¿Qué es el síndrome de Asperger?, ¿Cómo se diagnostica?, ¿Qué similitudes y diferencias tiene con otros trastornos del espectro autista?, ¿Cuáles son las consecuencias directas, en la vida diaria, para el afectado por el síndrome de Asperger?, ¿Qué intervención requiere el síndrome de Asperger dado que no existe tratamiento farmacológico ninguno?, ¿Cuál es la comorbilidad del síndrome y qué confusiones de diagnóstico son las más frecuentes?, ¿Cómo puede ayudar el sistema educativo a los alumnos con síndrome de Asperger?, ¿Qué derechos tiene el niño afectado a nivel educativo y social?
   El Síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA) no incapacitante, de carácter crónico y por tanto sin cura conocida, para el que no existe tratamiento farmacológico. Requiere la coordinación y cooperación del entorno familiar y social, el colegio y los terapeutas ya que se trata de un trastorno generalizado del desarrollo [1] cuyos afectados poseen una inteligencia media, o por encima de la media, pero muestran enormes dificultades en la interacción social, la comunicación social y la flexibilidad de pensamiento o de la imaginación. El avance en la investigación es exasperantemente lento y en parte se debe a que es un grupo muy heterogéneo. Los casos más leves probablemente pasen inadvertidos y los casos más graves quizás necesiten adaptación curricular, pero del SA no hay casos incapacitantes, a menos que la persona tenga la mala fortuna de toparse con un ambiente poco comprensivo, en casa o en la escuela o que sume a este síndrome otros trastornos comórbidos que sí le incapaciten. Está en la zona más leve del espectro autista y la diferencia más evidente entre los autistas de alto funcionamiento y los Asperger está en el momento de la aparición de los síntomas y en la presencia o ausencia de lenguaje y retraso intelectual en la primera infancia. En los autistas, los síntomas aparecen antes y son más graves.



   Además, puede haber dificultades sensoriales, motoras y organizativas aunque no es así en todos los casos. Se les califica a menudo como autistas de alto funcionamiento que pueden lograr valerse por sí mismos porque sí adquieren lenguaje y sí tienen capacidades cognitivas normales [2], a veces, incluso, poseen altas capacidades y un cociente intelectual superior a la media.
   Esta condición fue definida por primera vez hace más de 50 años por Hans Asperger [3], un pediatra vienés que identificó un patrón de comportamientos y habilidades que incluía la falta de empatía, la imaginación deteriorada, la dificultad para hacer amigos, una intensa absorción en un tema de interés especial y a menudo problemas con la coordinación motora. Cada caso es diferente de modo que las personas con síndrome de Asperger mostrarán parte o la totalidad de estas características, en un grado mayor o menor, pero la tendencia es la de experimentar aislamiento y falta de comprensión en su vida cotidiana, lo que puede ocasionar depresión, frustración, ira o falta de autoestima.
   Mercedes Belinchón, doctora en psicología y profesora de esta materia en la Universidad Autónoma de Madrid, explica que el síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que se manifiesta en tres ámbitos del funcionamiento: las interacciones sociales, la comunicación y el lenguaje y las habilidades o capacidades de ficción e imaginación [4]. Insiste en que la diferencia principal de esta alteración con respecto al autismo de Kanner es que durante los tres primeros años de vida no se produce retraso cognitivo, es más, los niveles de funcionamiento intelectual son normales o altos. "Sólo afecta a una pequeña parte del cerebro de modo similar a la dislexia así que no cambia la personalidad pero sí produce dificultades en áreas específicas y en las habilidades de interacción social, comunicación y la capacidad de empatizar  y ver las cosas desde la perspectiva de los otros".
   El diagnóstico del síndrome de Asperger es difícil y en muchas ocasiones se realiza en la adolescencia o más tarde aunque muchos padres empiezan a detectar que su hijo es diferente cuando tiene entre dos y siete años. Las principales características son un desarrollo social anormal (tienen muy pocos amigos o ninguno), un uso del lenguaje extraño (inventan palabras, repiten frases o aprenden a leer por sí mismos) y la presencia de rutinas y rituales (comer siempre en un mismo plato o interesarse por un tema de forma desorbitada). Según Mª Jesús Mardomingo, jefa del departamento de psiquiatría infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid [5], todavía no se conocen las causas exactas que originan este trastorno, no obstante, sí se sabe algo de los factores implicados en el autismo, que son similares en el síndrome de Asperger, y que abarcan las alteraciones genéticas (es cuatro veces más frecuente en el sexo masculino), los factores intrauterinos y los del parto como la anoxia – falta de oxígeno — que dan lugar a un desarrollo neurológico anormal, etc. Las estructuras cerebrales dañadas, según esta psiquiatra, son la corteza, la amígdala y el hipocampo, que son áreas muy importantes para el aprendizaje y las emociones. Es evidente que hay una base neurobiológica y las causas que lo producen pueden ser de naturaleza muy distinta pero en muchos casos no hay un origen identificado.
   El Síndrome de asperger (SA) como trastorno [6] es diagnosticado más tarde que el autismo. Se diferencia del autismo típico porque es más leve y porque quienes registran Asperger tienen un poco más de interacción social y mayor capacidad para enfrentar cambios en sus rutinas gracias a la adquisición normal del lenguaje. Las personas con síndrome de Asperger logran establecer empatía aunque con cierta dificultad ya que, de acuerdo a los expertos, tienen una especie de "ceguera emocional", por lo que en los casos más severos puede resultar imposible incluso reconocer el significado de una sonrisa o simplemente cualquier otro gesto facial, corporal o matices de comunicación indirecta. Esta dificultad para aprender la comunicación no verbal deriva en carencias sobre el control en sus expresiones faciales, así que cuando se ven forzados sus gestos pueden parecer grotescos, aunque si no se encuentran presionados las sonrisas espontáneas suelen ser normales. Por otro lado, para estos pacientes es abrumador el contacto ocular y por lo tanto con frecuencia lo evitan. Esto les resulta contraproducente pues la falta de contacto ocular puede acarrear mayores dificultades en la interpretación de emociones ajenas y por tanto  más problemas de socialización.


   La identificación y el tratamiento tempranos del síndrome de Asperger constituyen las claves para obtener un óptimo resultado en su evolución y el tratamiento debe comprender la mejora de la comunicación social, la estimulación de la autonomía, la prestación de servicios de apoyo para la familia y la creación de un ambiente educativo y laboral seguro que promueva un clima de aceptación. Es por tanto fundamental la colaboración de los centros escolares en los que estos niños se educan, lo que implica un mayor adiestramiento del profesorado sobre las necesidades educativas especiales de estos niños, y a veces algún tipo de adaptación curricular no significativa, o incluso significativa, dependiendo de la profundidad de la afectación del niño.
   Los padres preocupados por el desarrollo social, emocional, motriz y del lenguaje de su hijo deben buscar ayuda lo antes posible. Deben comenzar consultando al pediatra del niño o al médico de familia y prepararse para pedir evaluaciones adicionales a un pediatra del desarrollo, un psiquiatra infantil y un psicólogo. Los resultados de estas evaluaciones facilitarán la elaboración y la implementación de un plan terapéutico a la medida de su hijo ya que el síndrome de Asperger es un  trastorno que se manifiesta con la incapacidad de quien lo padece para comunicarse convencionalmente.
   Las personas con síndrome de Asperger tienen dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también para comprender la conducta social de los demás. Aunque su lenguaje es aparentemente normal están presentes en él una serie de alteraciones como un uso excesivamente formal, rebuscado o pedante, a veces con tono monocorde o habla robotizada, incluso ecolalias (repeticiones). Generalmente tienen intereses peculiares, son torpes, no juegan en grupo y no se les dan bien los deportes, lo cual les dificulta aún más la integración en el entorno escolar.
   En concreto el Síndrome de Asperger se estima que se da en una proporción de 8 niños por cada 1 niña por lo que es mayoritariamente masculino. No se sabe la causa que lo provoca así que no tiene consideración de enfermedad a efectos sanitarios sino de síndrome (conjunto de síntomas). Nunca se curan (no es una enfermedad), con mayor o menor frecuencia necesitan intervención psicológica especializada y su época más crítica normalmente es la adolescencia.
   Todo eso supone un agravio económico para la familia del afectado y, además, un problema social, ya que tener un hijo, hermano o pareja con síndrome de Asperger incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación en el caso del niño acaba siendo estresante y generando ansiedad y son niños que mayoritariamente padecen acoso escolar y tienen necesidades educativas y terapéuticas capaces de dislocar la agenda de cualquier familia media.
   Hay algunos síndromes que no son necesariamente limitaciones y solo representan un estilo de vida diferente. El Síndrome de Asperger muchos defienden que es un ejemplo de ellos, un tipo de autismo que se manifiesta produciendo deficiencias en la coordinación motora, en la interacción social e inusuales patrones de conducta puesto que a los Asperger les cuesta reconocer las señales paralingüísticas o no verbales de otras personas, e incluso, las propias. Es por ello que al comunicarse parecen torpes. Suelen ser excesivamente directos y poco diplomáticos. Pero algunos especialistas les catalogan como personas con comportamientos increíbles por su entendimiento absolutamente racional.



   Como decimos, el sujeto afectado muestra principalmente severas dificultades en la interacción social y en la comunicación, No se observa retraso en el desarrollo del lenguaje, no existiendo una perturbación clínicamente significativa en su adquisición. No hay retraso, por ejemplo, en la edad de aparición de las primeras palabras y frases, aunque pueden existir particularidades cualitativas (por ejemplo gramaticales) que llamen la atención. Así pues, se encuentra perturbada la capacidad para reconocer intuitivamente las señales no verbales o paralingüísticas emitidas por otras personas y también para realizar lo equivalente enviando las propias. Pero se puede adquirir esa habilidad de forma aprendida aunque no dispongan de ella de forma natural. Es por eso que el contacto y el comportamiento comunicativo de los que padecen el síndrome de Asperger parece tan extraño, torpe o como una variante leve del autismo infantil temprano (Síndome de Kanner). Sin embargo, debido a que su inteligencia es normal, el entorno no los percibe como autistas sino como personas con un comportamiento «raro» o «sorprendente».
   El síndrome puede ser detectado a partir del tercer año de vida aunque los padres suelen detectar rasgos incluso antes. La forma en que se manifiesta varía mucho entre los diferentes individuos que lo padecen. Supone una discapacidad para comprender el mundo de lo social que se manifiesta al nivel de comportamientos sociales inadecuados, proporcionándoles a ellos y sus familiares problemas en todos los ámbitos. Los déficits lingüísticos [9] están presentes en las dificultades para seguir el ritmo de la conversación y es frecuente la alteración de la prosodia (entonación, volumen, timbre de voz, etc.). Suelen ser también deficitarios los patrones de contacto ocular, gestual, etc. Por todas esas dificultades los afectados en edad preadolescente y adolescente suelen ser víctimas de marginación y acoso escolar por sus compañeros de estudios y esta circunstancia dificulta su integración social futura y su avance en las escuelas. Esa perspectiva pedagógica fácilmente se vuelve invasiva y empuja a los padres a hacerse educadores hasta el límite de sus fuerzas: a más y mejores aprendizajes mayores resultados. Se produce una desconexión del sujeto sin déficit mental que lo justifique, así que se podría decir que, pudiendo neurológica y funcionalmente ser normal, algo enigmático de su forma de ser impide el desarrollo. Establecer pautas educativas abre las vías de una regulación y un avance madurativo claro.
   El autismo de Kanner no es lo mismo que el síndrome de Asperger. En el primero, todas las alteraciones son muy evidentes en los tres primeros años de vida. En los aspergerianos no existe evidencia de retraso cognitivo y en su gran mayoría tienen una capacidad intelectual por encima de lo normal. Los autistas presentan retraso en el lenguaje en cambio los segundos tienen un vocabulario sorprendente porque es 'pedante' o demasiado culto. En cambio no todas las limitaciones son para los autistas ya que la torpeza de movimientos parece ser característica sólo en el síndrome de Asperger, aunque no hay un consenso de los expertos sobre este rasgo y además la variabilidad de las alteraciones entre los afectados en muy alta. Los Asperger suelen presentar una buena memoria de repetición, sobre todo de aquello que más les motiva y aunque son muy capaces para el almacenamiento de detalles el principal problema viene para integrar esa información. Los mayores problemas vienen derivados de la incapacidad de procesar conceptos abstractos e integrar la información, y de la dificultad para las habilidades sociales. Por este motivo, aunque sean unos lectores precoces no tiene por qué dárseles bien la lengua o la filosofía ya que ambas materias manejan muchas abstracciones. Suelen preferir asignaturas más concretas y lógicas, como las matemáticas, aunque su éxito en ellas vendrá determinado también por el cociente intelectual de cada uno y por la intensidad del síndrome.  Además, un mejor o peor pronóstico de futuro también dependerá del medio familiar, social y educativo junto con los recursos de los que disponga la comunidad y de la sensibilidad que exista sobre este síndrome. Por este motivo, es necesario que los profesionales y la sociedad detecten y conozcan esta alteración del desarrollo para que se reclamen y destinen más ayudas dirigidas a la familia y a los profesores.


   Insistimos en que la detección temprana es fundamental. Los adolescentes con Asperger son muy vulnerables a desarrollar trastornos de ansiedad y depresión y en los adultos sin diagnosticar, la complejidad se multiplica. Gunilla Gerland [10], especialista en autismo que trabaja desde hace años investigando este tipo de trastornos, y afectada de síndrome de Asperger, asegura que su infancia y su vida escolar fueron una auténtica tortura, que la consideraban una niña difícil, obstinada y perezosa y tampoco tenía ningún interés por tener amigos, no tenía ni idea de lo que era jugar, y era feliz estando sola. Al mismo tiempo era evidente que no tenía ningún retraso mental ya que antes de ir al colegio ya sabía leer y escribir perfectamente. Asegura que ya de pequeña tenía una elevadísima capacidad para las lenguas y por eso pensaban que era muy inteligente y que se le podía exigir mucho, pero era un desastre en el resto de materias y en el control de su propio cuerpo. Como a casi todos los Asperger todo eso le fue erosionando la autoestima. Para ayudar a los niños Asperger a que no tengan durante la infancia tantos problemas asegura que lo más importante es darles información sobre su síndrome. Hay que ayudarles a ser independientes pero también a tener autoestima porque la gente tiende a confundir calidad de vida con parecer normal; por tanto, tienden a hacer a los autistas lo más normales posible, intentando que cambien su comportamiento para que se asimilen a los demás. Y si alguien continuamente te está diciendo que lo que haces está mal, tu autoestima se erosiona.



   Esta patología, el síndrome de Asperger, también recibe el nombre de “síndrome invisible” [11] debido a que no existe un marcador biológico que facilite su diagnóstico y a la apariencia normal de las personas que lo padecen. Los niños que padecen el Síndrome de Asperger son carne de cañón del acoso escolar porque no entienden las bromas, las burlas, interpretan de manera literal y eso les conduce a interpretaciones erróneas. Además sus comportamientos son peculiares y no comprenden algunas reacciones. Aunque existe una gran variedad de casos, los menores pueden tomar conciencia de su situación con 7 u 8 años. Cuando se dan cuenta de que son diferentes, de que tienen intereses muy distintos a sus compañeros de colegio, es el momento adecuado para contar lo que le pasa, a él y a toda su clase.
   Los Asperger pueden y deben escolarizarse en centros ordinarios, dentro del programa de integración a ser posible, incluso en educación secundaria, pero requieren ayuda profesional para mejorar sus habilidades sociales. Desde 1970 existe numerosa documentación que valida la importancia de enseñar habilidades comunicativas y lingüísticas a las personas con Asperger y actualmente es reconocido mundialmente que la intervención del lenguaje y la comunicación ocupa un lugar central en el programa de tratamiento [12]. Del mismo modo, se asume que esta intervención debe centrarse en objetivos comunicativos y lingüísticos de forma prioritaria.
   La intervención en otras áreas del desarrollo, habilidades sociales y capacidades mentalistas, competencias de ficción e imaginación, habilidades de imitación, entre otras, no presuponen una mejora per se en el desarrollo comunicativo y lingüístico. Esto no quiere decir que no se haya que programar también objetivos referidos a estas áreas, sino que se precisa una intervención focalizada y sistemática centrada en objetivos comunicativos y lingüísticos para tratar los trastornos de comunicación de esta población. Los primeros trabajos seriamente documentados se centraban en desarrollar habilidades formales del lenguaje (habilidades fonológicas y morfosintácticas) y/o habilidades semánticas (conocimiento léxico y su organización). Estos contenidos se han venido trabajando tradicionalmente desde dos distintos paradigmas o modelos de instrucción claramente diferenciados en sus orígenes, el modelo conductual y el modelo de aproximación lingüística o psicolingüística.
   Sin embargo, desde 1980 el foco central de la intervención se ha desplazado hacia los aspectos funcionales o pragmáticos del lenguaje. Se ha aceptado que los aspectos formales del lenguaje no pueden ser potenciados sin referirlos al uso social del lenguaje en el contexto natural. Así mismo se ha reconocido que el trastorno del lenguaje de los niños con TEA se caracteriza fundamentalmente por una alteración en el uso social del mismo.
   El perfil lingüístico y las anomalías del lenguaje de los niños autistas es muy heterogéneo y variado pero todos ellos presentan serias dificultades de comunicación que van más allá del lenguaje hablado y que afecta básicamente al uso de las funciones comunicativas, a las habilidades básicas de relación intencionada y atención conjunta y a las habilidades conversacionales. De este modo, los trabajos actuales sobre intervención del lenguaje en TEA centran su foco de interés en generar un lenguaje funcional y espontáneo que les permita participar en situaciones de la vida diaria. El modelo de intervención ha sido o está siendo llamado de muchas formas (modelo de aproximación pragmática o intervención pragmática, tratamiento de base comunicativa, enfoque natural de intervención o terapia naturalista, etc.) pero trata en definitiva de enfatizar el uso comunicativo del lenguaje en el contexto natural como base de la intervención. El objetivo es conseguir una comunicación eficiente que optimice la adaptación social.
   Más recientemente ha aparecido un movimiento al que se ha llamado "pragmática abstracta" que trata la pragmática como un conjunto de destrezas diferentes y conocimientos abstractos que el chico necesita poseer para exhibirlos en contextos. Este conjunto de conocimientos están separados de las situaciones actuales en las cuales ocurren. Se trata de enseñar estas destrezas y de organizar los distintos contextos de la vida diaria del niño para facilitarle el uso/comprensión de las mismas, lo que hace necesaria la intervención de profesionales logopedas y profesores de comunicación y lenguaje. La aplicación de los distintos modelos debe ser flexible, según el momento evolutivo del niño, el nivel de competencias sociales, cognitivas y comunicativas adquiridas, o dependiente de los objetivos de la intervención seleccionados. El énfasis en enseñar un lenguaje funcional no es incompatible, ni mucho menos, con la necesidad de fundamentar el programa de intervención en el modelo de desarrollo normal. Nos referimos fundamentalmente a la importancia de diseñar los objetivos, los contenidos y las actividades de enseñanza de acuerdo a la edad evolutiva del sujeto y basándonos en los datos evolutivos y psicolingüísticos de la secuencia de desarrollo normal.



   La selección de objetivos para la intervención se basa pues en un cuidadoso análisis de las intenciones comunicativas teniendo en cuenta que:
   - La destreza que se enseña debe tener utilidad inmediata para el estudiante en su ambiente natural. Debe ser útil para él o formar parte de una habilidad más amplia que ya posee. Debemos potenciar la motivación del niño hacia el uso del lenguaje.
   - Debe ser relevante y/o deseable para el niño. Deben ser conductas capaces de generar efectos significativos y reales para el estudiante,
con consecuencias disponibles en su ambiente natural. Podríamos decir que deben ser destrezas que el propio estudiante elegiría tener ya que producen cambios significativos en su vida natural.
   - Debe poder ser practicada con una frecuencia razonable dentro de su vida diaria.
   - Debe ser apropiada a la edad evolutiva del estudiante y se deben fundamentar en el modelo de desarrollo normal.
   - Deben seleccionar objetivos que promuevan y/o posibiliten su participación en las actividades de la vida diaria. El niño debe desarrollar su lenguaje a través de sus interacciones con el medio, en un contexto social. Las destrezas que le enseñamos deben permitirle actuar/cambiar su medio físico y social.
   - Debemos partir de las destrezas o habilidades comunicativas y lingüísticas que la persona posee, tratando de desarrollar en frecuencia y complejidad las conductas comunicativas o intencionales del propio sujeto.
   Los programas dirigidos a desarrollar habilidades conversacionales incluyen objetivos relacionados con habilidades de toma de turnos y habilidades para iniciar y mantener tópicos conversacionales. Se trata de facilitar competencias conversacionales que les ayuden a participar en distintos contextos conversacionales de ocurrencia natural. Las intervenciones [13] dirigidas a desarrollar el discurso narrativo tratan de enseñar al estudiante a comprender y producir narraciones. Se le enseña al estudiante los componentes de la gramática de los cuentos tales como el contexto, iniciación de eventos, respuestas internas, planes, consecuencias directas y reacciones.
  Se demuestra, pues, que la colaboración de los maestros y profesores con los niños afectados por SA ha de ser estrecha y personalizada y debe propiciar la predictibilidad y la abstracción analítica. El uso de rutinas altamente estructuradas y fijas junto con el empleo de claves o sistemas visuales que les faciliten la comprensión y uso de la información secuencial son principios que debe conocer toda persona que trabaje o se relacione con los afectados. Los métodos que podemos utilizar para ayudar a una persona a desarrollar sus habilidades comunicativas y lingüísticas se relacionan tanto con la adecuada planificación/organización de los distintos contextos interactivos que rodean al chico como con utilizar una serie de ayudas o soportes que le faciliten la comunicación y/o le enseñen a comunicar mejor.
   Hoy por hoy no tenemos una cura para el síndrome de Asperger, pero su pronóstico, en general, es alentador. Puesto que son personas que tienen una inteligencia normal y adquieren lenguaje tienen mejor pronóstico que quienes no cumplen ambos criterios. Se puede decir que cuantas más capacidades tiene la persona, mejor será su pronóstico, aunque ello no signifique su normal desarrollo en la vida adulta. Otros elementos fundamentales para el pronóstico dependen de factores externos: cuanto antes se inicie un tratamiento es mejor y si existen recursos comunitarios idóneos la calidad de vida de las personas con Asperger y la de sus familiares es radicalmente diferente. La vida no resulta fácil para los niños pero lo es menos cuando, además de los problemas típicos de cualquier joven, se tiene una patología tan poco conocida como el síndrome de Asperger, que impide a quienes lo sufren reconocer en los otros cualquier tipo de gesto o emoción [14]. Para las personas con Asperger, distinguir el sarcasmo de la realidad es una ardua tarea y se sienten atraídos por todo aquello que conlleva orden y desconcertados ante lo caótico.
   A final de cuentas la administración, de cualquier zona de nuestro país, coge a los niños con necesidades educativas especiales como los afectados por el síndrome de Asperger y los escolariza en aulas ordinarias pero dejando a criterio de sus tutores la forma de educarles. A los profesores y maestros no se les forma en ningún caso, de modo que, aun disponiendo de muy buena voluntad en realidad no saben y no pueden enfrentarse a las necesidades especiales de los niños. Todo el sistema educativo ordinario resulta ser un espejismo, una pantomima, que en lugar de incluir a estos niños socialmente no hace más que seguirles manteniendo aislados y excluidos. La administración no se responsabiliza de nuestros hijos ni les ofrece garantías inclusivas, ni siquiera la atención mínima que necesitan. Al final quienes reclaman, luchan y pelean por el bienestar de las personas con diversidad funcional somos los familiares ya que nadie, ni las administraciones públicas, ni los centros educativos, ni los políticos, ni los funcionarios, nos ayudan a garantizar los derechos de nuestros hijos. Y se trata de sus derechos fundamentales, no de un capricho ni un privilegio.

Febrero 2011



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   [1] Maxine Aston (2008), “Diference can only feel theatening if it exists within the absence of acceptance and understanding” in What is Asperger Syndrome? Maxine Aston. MSc. Health Psychology. C.C.CERT.Relate. C&G 7407 Further Education. Diploma in Casework Supervision . Specialising in relationships affected by Asperger Syndrome. Individual, couple and family counselling. Conference speeches, lectures & workshops
Author of The Asperger Couple's Workbook, Aspergers in Love and The Other Half of Asperger Syndrome.
   [2] El Síndrome de Asperger es el término utilizado para describir la parte más moderada y con mayor grado de funcionamiento de lo que se conoce normalmente como el espectro de los trastornos generalizados del desarrollo (o espectro autista). Al igual que las demás condiciones registradas en dicho
espectro, se cree que el SA representa un trastorno del desarrollo con base neurológica, de causa desconocida en la mayoría de los casos, en el cual existen desviaciones o anormalidades en tres amplios aspectos del desarrollo: conexiones y habilidades sociales, el uso del lenguaje con fines comunicativos y ciertas características de comportamiento y de estilo relacionadas con rasgos repetitivos o perseverantes, así como una limitada pero intensa gama de intereses. La presencia de estos tres tipos de disfunciones, cuyo grado puede ir de relativamente moderado a severo, es la que define clínicamente todos los trastornos generalizados del desarrollo, desde el SA hasta el autismo clásico.
   [3] Hans Asperger publicó la primera definición del síndrome de Asperger en 1944. Identificó un patrón de comportamiento y habilidades percibido predominantemente en niños varones como "psicopatía autística", un trastorno de la personalidad. El patrón incluía una "ausencia de empatía, reducida habilidad para las relaciones sociales, conversaciones solitarias, un profundo arraigo a un interés especial y movimientos torpes". Asperger llamó a sus pacientes "pequeños profesores", debido a sus extensos conocimientos en su tema de interés particular.
   [4] Mercedes Belinchón, Juana María Hernández y María Sotillo. Síndrome de Asperger. Una guía para los profesionales de la educación. (2009) Universidad Autónoma de Madrid.
María Jesús Mardomingo, psiquiatra y pediatra del Hospital Gregorio Marañón. Psiquiatría del niño y adolescente : método, fundamentos y síndromes (1994), Madrid, ediciones Díaz de Santos.
   [5] Yamel Viloria Tavera .México, D.F. 11 de agosto de 2010. Su médico. Tomado del Changing the Face of Child Mental Health.
   [6] Grupo de Estudio de Trastornos del Espectro Autista. Instituto de Investigación de Enfermedades Raras- Instituto de Salud Carlos III
   [7] El Dr. Bauer, pediatra especializado en problemas del desarrollo y director de la Unidad Pediátrica del Desarrollo en el Hospital Genesee en Rochester. Ha sido consultor de varias agencias estatales y privadas, así como de los programas BOCES, en Maine y en Nueva York, y ha expuesto con frecuencia a grupos de padres y profesionales temas relacionados con los trastornos del desarrollo infantil. En 1995 escribió un artículo sobre autismo en el American Academy of Pediatrics Journal, Análisis de la Pediatría. Sus intereses personales dentro del desarrollo infantil incluyen a los niños con todos los niveles de autismo y problemas de atención y aprendizaje en la edad escolar. De él se obtiene en este texto la descripción de cómo puede ser el paso por el colegio de un niño con Asperger, desde preescolar hasta el final de su educación.
   [8] - http://vidayestilo.terra.com.pe/mujer/familia/como-reconocer-y-guiar-a-un-nino-asperger,440f28e71edbd210VgnVCM4000009bf154d0RCRD.html
- http://m.terra.cl/noticia?n=1581186&a=home&s=1&c=noticiaportadacl&e=especiais_capa_cl
- http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110125102019AAwkjP5
   [9] Gunila Gerland, IV Simposium Internacional sobre Autismo. Realizó una
ponencia sobre ella misma ya que padece el Síndrome de Asperger, lo que le permite ofrecer la visión más íntima sobre qué es y cómo se siente una persona así.  
Una vez diagnosticada de síndrome de Asperger publicó su autobiografía bajo el título A real person. Desde entonces se dedica a estudiar el síndrome sobre el que ha escrito varios libros. Al igual que Temple Gradin, sus opiniones han servido para conocer al autismo desde adentro.
   [10] Iván Suárez, Canarias Ahora.es (19 de noviembre de 2010)
   [11] María Gortázar Díaz, ponencia presentada en las I Jornadas sobre autismo de la Asociación Autismo-Sevilla (1999)
   [12] Joaquín Fuentes. Grupo de Estudio de Trastornos del Espectro Autista del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras- Instituto de Salud Carlos III.
   [13] Marcelo en el mundo real. Francisco X. Stork. Ed. Grijalbo: