14/8/13

¿Qué es el Síndrome de Asperger?


Entender qué es el Síndrome de Asperger es sencillo: imaginemos que el espectro autista es una cuerda con varios nudos. Todos los trastornos que hay en la cuerda (todos los nudos) comparten síntomas y características entre ellos por el hecho de formar parte de la cuerda en sí (por ejemplo problemas de socialización). En uno de los extremos de la cuerda tenemos dos trastornos muy graves (dos nudos concretos) conocidos como Desintegrativo Infantil y Autismo clásico (o Autismo de Kanner) que es el más conocido de entre los trastornos del espectro autista. Conforme nos vamos acercando al otro extremo de la cuerda encontramos otros trastornos menos invalidantes (por ejemplo el autismo de alto funcionamiento o AAF) o el Síndrome de Asperger.
Los especialistas en desarrollo no han alcanzado todavía un consenso sobre la existencia de diferencias entre el Síndrome de Asperger y lo que se denomina autismo de alto nivel o de alto funcionamiento (AAF). Algunos investigadores han sugerido la hipótesis de que el déficit neurológico es distinto en estos dos tipos de trastorno, pero otros están convencidos de que no existen diferencias significativas entre ambos. Las personas que tratamos día a día con alguien con Asperger, sin embargo, estamos completamente convencidos que el SA y el AAF son dos trastornos diferentes. Para empezar porque el cociente intelectual de la persona con Síndrome de Asperger no se ve afectado pero el de la persona con AAF sí. La persona con SA posee unas capacidades comunicativas bastante comunes pero la persona con AAF suele presentar dificultades en esa área. Y la persona con Síndrome de Asperger suele tener mala motricidad, área que no se ve afectada en la persona con AAF: mientras las personas con autismo de alto funcionamiento poseen una coordinación y equilibrio normales los que tienen Asperger suelen presentar problemas de grafía (suelen tener mala letra), torpeza de movimientos o una tendencia a golpearse y a caer mayor que la de la población general. Esta es la razón por la que los niños/as con este trastorno fracasan en la asignatura de educación física o ven sus calificaciones notablemente reducidas por su mala letra o la falta de estructura en sus textos. La torpeza de movimientos parece ser característica sólo en el Síndrome de Asperger, aunque no hay consenso sobre este rasgo y además la variabilidad de las alteraciones entre los afectados es muy alta.
Por tanto podemos destacar que el Asperger suele tener una torpeza motriz que no tiene el AAF y un vocabulario muchísimo más rebuscado y pedante pero con un lenguaje en general más común y normalizado que el del autista de alto funcionamiento.
Mercedes Belinchón, doctora en psicología y profesora en la Universidad Autónoma de Madrid , reafirma que el Síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que se manifiesta en tres ámbitos del funcionamiento: las interacciones sociales, la comunicación y el lenguaje y las habilidades o capacidades de ficción e imaginación. Belinchón establece que la diferencia principal de esta alteración con respecto al autismo clásico es que no se produce retraso cognitivo, es más, los niveles de funcionamiento intelectual son normales o altos.
El Síndrome de Asperger sólo afecta a una pequeña parte del cerebro de modo similar a la dislexia así que no cambia la personalidad. Aparte de pequeños detalles de ese tipo todavía  no se conocen las causas exactas que originan este trastorno, no obstante, sí se sabe algo de los factores implicados en el autismo, que son similares en el Síndrome de Asperger, y que abarcan las alteraciones genéticas, los factores intrauterinos y los del parto como la anoxia –falta de oxígeno— que dan lugar a un desarrollo neurológico atípico. Las estructuras cerebrales dañadas son la corteza, la amígdala y el hipocampo, que son áreas muy importantes para el aprendizaje y las emociones.
A pesar de haberse definido por activa y por pasiva los síntomas y rasgos comunes a las personas con este trastorno el diagnóstico del Síndrome de Asperger es difícil y en muchas ocasiones se realiza en la adolescencia, o más tarde incluso, aunque muchos padres empiezan a detectar que su hijo es diferente cuando tiene entre dos y siete años. Las principales alarmas las provocan un desarrollo social anormal (tienen muy pocos amigos o ninguno), un uso del lenguaje extraño (inventan palabras, repiten frases o aprenden a leer por sí mismos) y la presencia de rutinas y rituales (comer siempre en un mismo plato o interesarse por un tema de forma desorbitada).
De forma general las familias describen que los niños/as se caracterizan porque su comportamiento es excesivamente infantil, aprenden a leer solos, no miran a los ojos al hablar, tienen rabietas que para los demás son incomprensibles, sienten frustración desmesurada, no tienen sentido del peligro y a veces son auténticos kamikazes, no parecen darse cuenta del estado de ánimo de quienes les rodean, se absorben en actividades concretas sin prestar ninguna atención al resto de cosas que les rodean, no parecen atender a su nombre cuando se les llama, son torpes y patosos, son completamente literales y no entienden bromas, sarcasmos, chistes, o frases hechas. En base a estos parámetros Gillberg y Ehlers, en 1998, identificaron 4 áreas principales donde existía la controversia sobre la diferencia del diagnóstico:
1. Nivel del funcionamiento cognoscitivo: La visión que el Síndrome de Asperger es autismo sin ninguna incapacidad del aprendizaje adicional es útil desde el punto de vista del diagnóstico para justamente hacer una distinción en estas circunstancias. Sin embargo, Asperger mismo dice que puede haber circunstancias inusuales donde una persona puede presentar el Síndrome Asperger con problemas de aprendizaje. Es ampliamente reconocido que un autismo de alto funcionamiento no puede ocurrir en alguien con un C.I. por debajo de 65–70.
2. Destrezas motoras: En tiempos recientes la visión de que el síndrome de Asperger solo puede ocurrir cuando hay dificultades adicionales con las destrezas motoras ha llegado a ser más destacado. Ciertamente Asperger era muy consciente de la prevalencia de problemas con las destrezas motoras en el grupo de personas que él trató de describir. Parece indicar que la mayoría de los niños con el Síndrome de Asperger experimentan una pobre coordinación y dificultades con el control de las destrezas motoras finas. Sin embargo, algunos niños con autismo de alto funcionamiento también tienen dificultades en esas áreas.
3. Desarrollo del lenguaje: CIE-10 y DSM-IV establecen que para diagnosticar el Síndrome de Asperger el desarrollo del lenguaje debe ser normal. Niños con autismo de alto funcionamiento pueden tener un retraso del lenguaje significativo. Sin embargo, las descripciones originales del trastorno establecen que las peculiaridades del habla y lenguaje son un rasgo principal del Síndrome de Asperger. A menudo el diagnóstico del Síndrome de Asperger es de hecho con un niño callado y ellos o sus padres pueden tener dificultad para recordar detalles del desarrollo del lenguaje siendo un niño.
4. Edad de comienzo: Un diagnóstico de Autismo del alto funcionamiento y uno de Síndrome de Asperger puede ser hecho en un mismo individuo en diferentes etapas de desarrollo. Ocasionalmente un niño ha sido diagnosticado con un autismo del alto funcionamiento en la infancia y este diagnóstico luego ha sido cambiado a Síndrome de Asperger cuando comenzó en la escuela. Algunos profesionales que realizan diagnósticos son de la opinión de que el Síndrome de Asperger no puede ser diagnosticado antes de que el niño comience en la escuela. Sin embargo, esto es porque algunas áreas, como el déficit en las destrezas sociales, no pueden ser aparentes hasta que un niño está mucho tiempo en un ambiente social.
En conclusión: el Síndrome de Asperger, como trastorno del espectro, comparte los rasgos típicos de todos los tipos de autismo (los mismos rasgos que todos los demás trastornos que están en la cuerda), pero como trastorno específico tiene sus propias peculiaridades (un nudo concreto en esa cuerda). Sin embargo aún son muchos los especialistas que se niegan a distinguir entre AAF y SA aun cuando hay rasgos diferenciales evidentes.
Sacha Sánchez-Pardíñez




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