12/8/13

El niño (a) Asperger y su interacción escolar.





Natalia Calderón Astorga. Consultorio Especializado en Lenguaje y Aprendizaje. C.E.L.A.
     
   El Síndrome de Asperger es el término utilizado para describir la parte más moderada y con mayor grado de funcionamiento de lo que se conoce normalmente como el espectro de los trastornos generalizados del desarrollo (o espectro autista). Al igual que las demás condiciones registradas en dicho espectro, se cree que el S.A. representa un trastorno del desarrollo con base neurológica, de causa desconocida en la mayoría de los casos, en el cual existen desviaciones o anormalidades en tres amplios aspectos del desarrollo: conexiones y habilidades sociales, el uso del lenguaje con fines comunicativos y ciertas características de comportamiento y de estilo relacionadas con rasgos repetitivos o perseverantes, así como una limitada pero intensa gama de intereses.  Dado que en el S.A. existe un rango o espectro de la severidad sintomática, numerosos niños con una deficiencia leve, que pudieran reunir los criterios para un diagnóstico de S.A., no reciben ningún diagnóstico, se consideran “especiales” o “simplemente diferentes”, se diagnostican erróneamente con un Trastorno de Atención, problemas emocionales, etc.
Los niños (as) se ven afectados en su desarrollo psicomotriz, emocional, social y del lenguaje, lo cual suele en muchas ocasiones confundirse con un “retraso mental medio” y que les impide integrarse a la sociedad en forma normal. Empero, si la detección se hace de manera oportuna, es válido una estimulación temprana (oportuna), lo cual les brindará la oportunidad de integrarse socialmente y alcanzar un mejor desarrollo con capacidad para comunicarse verbal y corporalmente.  De ahí la importancia de que los padres y madres de familia, se den a la tarea de observar el comportamiento de sus hijos (as), pues de ello depende en gran medida una vida con calidad , evitándole así que sufran grandes limitaciones.
El S.A. se asocia frecuentemente con otros tipos de diagnósticos, también de origen desconocido, tales como: trastornos con tics nerviosos, problemas de atención y problemas de estados de ánimo como depresiones o ansiedad.  En algunos casos, existe un componente genético claro, con uno de los padres (con más frecuencia el padre) que presenta un cuadro completo de Asperger o algunas características; los factores genéticos aparecen más a menudo en el S.A. que en el caso del autismo clásico. En los familiares de niños con S.A., los rasgos temperamentales que aparecen con más frecuencia, solos o combinados entre sí, son intereses intensos y limitados, estilo compulsivo o rígido y torpeza social o timidez. A veces, existe una clara historia familiar de autismo en parientes próximos, lo que reafirma la impresión de que el S.A. y el autismo son síndromes relacionados entre sí.  Otros estudios han mostrado una incidencia relativamente alta de depresiones, tanto bipolares como unipolares, en los familiares de niños con S.A., lo que sugiere una conexión genética, al menos en algunos casos.  Es probable que, tanto para el S.A. como para el autismo, el cuadro clínico esté influenciado por muchos factores, entre ellos el factor genético, pero en la mayoría de los casos no existe una causa única identificable.
La marca distintiva más obvia del síndrome de Asperger y la característica que hace a estos niños tan únicos y fascinantes, son sus áreas de “especial interés”, los intereses se centran más a menudo en áreas intelectuales específicas. Con frecuencia, al ir al escuela, e incluso antes, estos niños muestran un interés obsesivo en áreas tales como las matemáticas, los aspectos científicos, la lectura (algunos tienen una historia de hiperlexia - lectura mecánica a una edad precoz), o algunos aspectos de historia y geografía, queriendo aprender todo lo posible sobre el tema en cuestión y sacarlo a colación en conversaciones o actividades de juego libre.


- Los niños (as) Asperger ante el reto de la escuela primaria: es relativamente común observar la existencia de estudiantes con S.A., a menudo subdiagnosticados o con diagnósticos erróneos, en entornos educativos normales, por lo que este tema implica una gran relevancia tanto para centros educativos, como para los padres de familia.  El niño con S.A. entra frecuentemente a la educación primaria sin haber sido adecuadamente diagnosticado. En algunos casos, se ha presentado una cierta problemática conductual (hiperactividad, falta de atención, agresión, rabietas) durante los años preescolares; puede haber existido cierta preocupación sobre la “inmadurez” de sus habilidades sociales e interacciones con sus compañeros; el niño ha podido ser ya considerado como una persona en cierto modo fuera de la norma. Durante los primeros años de la escuela, sus progresos académicos son relativamente importantes; por ejemplo, en lectura mecánica son muy buenos, así como en matemáticas. El docente en ocasiones se sentirá sorprendido por las áreas de interés obsesivas del niño. La mayor parte de los niños S.A. mostrarán algún interés social hacia los demás niños, aunque sea reducido; no obstante, lo más probable es que su capacidad para hacer amigos y mantenerlos sea débil. Pueden mostrar un interés particular en un niño, o en un limitado grupo de niños, pero dichas interacciones serán casi siempre relativamente superficiales. Por otro lado, bastantes niños con S.A. son muy agradables y amables, sobre todo al interaccionar con adultos (adultos que saben tratarlos). La trayectoria a través de la escuela varía considerablemente de un niño a otro, y el conjunto de problemas que se presentan pueden ser leves y de fácil manejo, o bien severos y espinosos, dependiendo de factores tales como el nivel de inteligencia del niño, un tratamiento acertado en la escuela y en el hogar, el estilo temperamental del niño (a) y la presencia o ausencia de factores que los complican (hiperactividad / problemas de atención, ansiedad, problemas de aprendizaje, etc.).  Cuando el niño (a) ingresa a grados superiores como los de II ciclo, las áreas más difíciles continúan siendo las relacionadas con la adaptación social y de conducta. Es común observar como estos niños pueden no ser correctamente entendidos por sus docentes y compañeros de clase. Muchas veces los profesores no se dan la oportunidad de conocer bien a un niño (a), y sus problemas de conducta o de hábitos de estudio / trabajo pueden ser erróneamente atribuidos a problemas emocionales o de motivación. En algunos entornos, en especial en los recreos, lecciones de natación, actividades especiales como ferias científicas y otros…, el niño puede entrar en una dinámica conflictiva creciente, o bien en luchas de poder con profesores o estudiantes que desconozcan su estilo de interacción.  Este hecho puede a veces implicar estallidos de conducta más serios. El niño se desorienta y se siente presionado, hasta que llega un momento en el que reacciona de un modo dramáticamente inapropiado.  En la escuela existe una mayor presión para ser igual que los demás y una menor tolerancia hacia las diferencias individuales, los niños con S.A. pueden ser dejados de lado, malinterpretados, o sometidos a burlas y perseguidos. Estos niños, que quieren hacer amigos y adaptarse, pero no son capaces de ello, pueden aislarse cada vez más, o su conducta puede hacerse más problemática, mediante estallidos o falta de cooperación. Con cierta frecuencia, aparece algún grado de depresión, hecho que complica las cosas.
Si no existen dificultades significativas de aprendizaje, sus resultados académicos pueden seguir siendo altos, en especial en sus áreas de interés especial; no obstante, seguirán apareciendo a menudo tendencias sutiles a malinterpretar la información, en particular el lenguaje abstracto o figurativo / idiomático. Las dificultades de aprendizaje, de atención y de organización son frecuentes. Además, en ocasiones sus calificaciones no reflejan sus conocimientos, debido al alto grado de desmotivación que sienten los niños y niñas S.A. en la institución educativa, donde se consideran “diferentes” e inapropiados (debido a múltiples burlas o aislamiento que propician sus compañeros).




Es necesario brindar todo el apoyo necesario, para que el niño (a) S.A., se convierta en un adulto capaz de obtener un trabajo o profesión relacionados con sus áreas de especial interés, pudiendo ser muy competentes. Un número considerable de los estudiantes más brillantes con S.A. pueden graduarse en la universidad. Empero, en la mayor parte de los casos, continuarán mostrando sutiles diferencias en las relaciones sociales, por lo menos hasta cierto punto. Pueden sentirse inseguros frente a las demandas sociales y emocionales de la sociedad y del matrimonio, aunque muchos se casan. Existe también el riesgo de que aparezcan problemas de estados de ánimos, tales como depresión o ansiedad, y es bastante probable que muchos acudan a consultas de psiquiatras o de otros profesionales de la salud mental que, quizá no pueden reconocer la verdadera naturaleza de sus problemas de desarrollo y les aplican un diagnóstico erróneo.

- Apoyo fundamental de la institución educativa:  Para ayudar a un estudiante con Asperger a funcionar de modo efectivo en la escuela, el punto de partida más importante es que el personal (todos los que vayan a establecer contacto con el niño) comprenda que el niño tiene un trastorno del desarrollo inherente que le hace comportarse y responder de un modo distinto al de los demás estudiantes. Con demasiada frecuencia, los comportamientos de estos niños se interpretan como “emocionales” o “manipuladores”, o con cualquier otra expresión que no tiene en cuenta que responden de modo diferente al mundo y a sus estímulos. En consecuencia, una vez comprendido el problema, el personal de la escuela debe aproximarse a cada uno de estos niños de un modo cuidadosamente individualizado; tratarlos como a los demás no funcionará.  Los niños y niñas S.A. pueden aprender mucho de sus docentes, pero únicamente de aquellos que les ofrecen afecto, comprensión y cariño. La actitud del profesor, influye directamente (en forma involuntaria e inconsciente), en el estado de ánimo y comportamiento del educando S.A..  Si se presentan problemas de aprendizaje, una clase o una tutoría personal pueden ser convenientes, para proporcionarles explicaciones individuales y repasos. Puede que no sean necesarios servicios completos de logopedia (Especialista en Lenguaje), pero en cualquier caso, el especialista puede ser un consultor útil para el resto de los docentes, en lo que concierne a áreas problemáticas tales como el lenguaje pragmático. Si existe un retraso motor significativo, como ocurre a veces, el Terapeuta Ocupacional puede ser de gran ayuda. El psicopedagogo / orientador / psicólogo, pueden proporcionarle una enseñanza directa en habilidades sociales, así como ayuda emocional general.
Si el personal docente y administrativo es comprensivo, flexible y está dispuesto a ayudar, los niños con mayor nivel de funcionamiento y los niños con S.A. más leve, son capaces de adaptarse y funcionar con poca ayuda de servicios especializados. Es clara la necesidad que dicho personal se encuentre capacitado en este tipo de “síndromes”.  Principios generales para tratar a la mayoría de los niños con PDD de cualquier grado y que también se aplican en el caso de S.A.:
Las rutinas de las clases deben ser tan consistentes, estructuradas y previsibles como sea posible. A los niños con S.A. no les gustan las sorpresas. Deben ser preparados de antemano, cuando esto es posible, frente a cambios y transiciones tales como cambios de horarios, días de vacaciones, etc.
Las reglas deben aplicarse con cuidado. Muchos de estos niños pueden ser bastante rígidos a la hora de seguir las “reglas”, que aplican literalmente. Las reglas y las orientaciones para el estudiante deben ser claramente expresadas, y preferentemente por escrito, a la vez que deben aplicarse con cierta flexibilidad.
Las reglas para el niño con S.A. no tienen por que coincidir exactamente con las que se aplican al resto de los estudiantes, ya que sus necesidades y habilidades son distintas.
El docente debe aprovechar al máximo las áreas de interés especial del niño. El niño aprenderá mejor cuando figure en su agenda una de sus áreas de alto interés. Los profesores pueden conectar de modo creativo los intereses del niño con el proceso de aprendizaje. También se puede recompensar al niño con actividades que sean de interés para él cuando haya realizado de forma satisfactoria otras tareas, haya obedecido correctamente las reglas establecidas o se haya comportado correctamente.  La mayor parte de los estudiantes con S.A. responden muy bien al uso de elementos visuales: horarios, esquemas, listas, dibujos, etc. En este aspecto, se parecen mucho a los niños con PDD y autismo.  En general, hay que intentar que las enseñanzas sean bastante concretas.  Se trata de evitar un tipo de lenguaje que pueda ser malinterpretado por el niño con S.A., tal como sarcasmo, discursos figurativos confusos, modismos, etc. Hay que intentar romper y simplificar conceptos y lenguaje abstracto.
Las estrategias de enseñanza explícitas y didácticas pueden ser de gran ayuda para que el niño aumente su capacidad en áreas “funcionales ejecutivas”, tales como organización y hábitos de estudio.  Hay que asegurarse de que el resto del personal de la institución educativa, esté familiarizados con el estilo y las necesidades del niño y que hayan recibido un entrenamiento adecuado para tratarlo. Los entornos menos estructurados, donde las rutinas y las reglas son menos claras, tienden a ser difíciles para el niño con S.A..
luchas de poder crecientes. A menudo, estos niños no entienden muestras rígidas de autoridad o enfado, y se vuelven ellos mismos más rígidos y testarudos si se les obliga a algo por la fuerza. Su comportamiento puede descontrolarse rápidamente, y llegados e este punto, es mejor que el profesional de marcha atrás y deje que las cosas se enfríen. Es conveniente anticiparse a estas situaciones, cuando sea posible, y actuar de modo preventivo para evitar la confrontación, mediante la calma, la negociación, la presentación de alternativas o el desvío de su atención hacia otro asunto.
Una de las mayores áreas de preocupación a medida que el niño avanza en su educación escolar es la mejora de interacciones sociales apropiadas y la ayuda para que el niño se adapte mejor socialmente. Se recomienda el uso del “sistema del amigo” puede ser muy útil, ya que estos niños se relacionan bien de uno en uno. La cuidadosa elección de un compañero sin S.A. para el niño puede ser un procedimiento para ayudarle a elaborar habilidades sociales, potenciar la amistad y reducir la marginación.  Se debe tener cuidado para proteger al niño de las burlas, tanto fuera como dentro del aula, ya que esto constituye una de las principales fuentes de ansiedad para niños con Asperger. Es básico hacer esfuerzos para ayudar al resto de los estudiantes a comprender mejor al niño con S.A., fomentando la tolerancia y la aceptación. Los profesores pueden aprovechar las importantes habilidades académicas que muchos niños con S.A. poseen, para ayudarles a ganarse el aprecio de sus compañeros. También es muy útil el que el niño con S.A. pueda tener oportunidades de ayudar ocasionalmente a otros niños.
Los docentes deben estar especialmente atentos frente a la aparición de problemas de estado de ánimo (ansiedad o depresión), especialmente en los niños mayores con S.A..
Con el fin de establecer un plan exhaustivo de formación y tratamiento en la institución, es de gran ayuda el que docentes y padres trabajen juntos.
Para el Asperger no hay tratamiento farmacológico específico, sino básicamente estimulativo. Lo ideal es que un Especialista en Lenguaje (LOGOPEDA) o un Psicopedagógo trabaje para mejorar la comprensión del significado de las cosas y la interpretación de órdenes o comunicaciones.
Por otro lado, una sicóloga puede encargarse de trabajar los aspectos obsesivos del niño/a, buscando la forma de que exista una labor mancomunada con la familia.

- Estrategias de mediación docente:
- Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.
- Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos. Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas. En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.  Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.
- Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.
Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.  Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.
Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).
- Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.
- En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.
- En la medida en que el niño va tomando conciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.
- En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc. 
Especialista en Dificultades del Aprendizaje.Terapeuta de Lenguaje Oral y Escrito.Licenciada en Educación Especial. Licenciada en I y II ciclo.