4/2/11

El M-CHAT como instrumento de diagnóstico.



Los trastornos generalizados del desarrollo están constituidos por un grupo heterogéneo de procesos neurobiológicamente diversos que se caracterizan por la existencia de déficit en múltiples áreas funcionales, que conducen a una alteración difusa y generalizada de los procesos del desarrollo. El resultado es un retraso y una desviación de los patrones normales del desarrollo. En contraste con los criterios del Trastorno Autista, que incluyen déficits en comunicación verbal y no verbal, y en el juego, los actuales criterios del Síndrome de Asperger establecen que no haya "evidencia significativa" de retraso en el desarrollo del lenguaje, de forma que el niño usa palabras simples a los 2 años, y frases comunicativas a los 3 años. Además se exige que el CI sea normal o cercano a la normalidad. La falta de una desviación clara en el lenguaje usualmente lleva a un reconocimiento clínico más tardío que en otros trastornos del espectro autista, lo que se debe, presumiblemente, a la conducta adaptativa temprana normal o casi normal.

Sin embargo, el lenguaje en el Síndrome de Asperger claramente ni es normal ni típico. Los individuos con Síndrome de Asperger normalmente tienen un habla pedante y pobremente modulada, una pragmática no verbal o habilidades de conversación pobres, e intensa preocupación sobre temas muy concretos tales como el tiempo atmosférico o los horarios de autobuses. Su habla es a menudo concreta y literal, y sus respuestas normalmente no enlazan con la pregunta. Socialmente los niños con Asperger son incapaces de hacer amigos, muestran reacciones sociales inapropiadas y son ridiculizados con frecuencia por sus compañeros. Igualmente suelen presentar alteraciones de la motricidad gruesa y fina, incluyendo movimientos torpes y descoordinados y posturas extrañas.
Actualmente los instrumentos diagnósticos disponibles son difíciles de aplicar a los niños más pequeños. Esto podría tener su explicación en las diferencias sintomáticas entre los casos y también a que las carencias sociales, lingüísticas y ciertos retrasos no se ponen de manifiesto hasta que el niño no tiene la oportunidad de interaccionar con sus compañeros en la guardería. Los síntomas primarios del autismo cambian con la edad y los niños menores de tres años raramente presentan las conductas perseverativas, preocupaciones o resistencia a cambiar; pueden no tener la habilidad cognitiva necesaria para jugar de forma repetitiva. En niños muy pequeños ciertos retrasos y alteraciones del patrón de la interacción social pueden ser confundidos con timidez, temperamento inhibido o con rasgos evolutivos relacionados con características familiares.

De momento no existen instrumentos sencillos y fiables que permitan su uso en las consultas pediátricas en estas primeras edades y además estén adaptados a los tiempos de consulta. Los padres empiezan a ser conscientes de las dificultades del hijo entre los 15 y 22 meses de edad, aunque se pueden detectar antes si existe un retraso mental asociado. El niño no suele ser visto por el especialista hasta los 22-27 meses, no emitiéndose un diagnóstico definitivo antes de los tres años en el mejor de los casos.





El M-CHAT es el instrumento para la detección precoz (Modified Checklist for Autism in Toddlers, de Robins, Fein, Barton, & Liss, 2001), es una versión ampliada del CHAT que consta de 23 ítems que los padres deben responder con SI o NO. Este test de diagnóstico tiene seis elementos clave y si puntúa en al menos dos de ellos se considera población en riesgo, por lo que se recomendaría una exploración especializada. Los controles realizados dos años después demuestran su sensibilidad y estabilidad. Se recomienda realizar el M-CHAT a todos los lactantes a los 18 y 24 meses. Aquí puedes ver el modelo de respuestas al M-Chat de un niño neurotípico. Los que puntúen en al menos dos de los 6 elementos claves o en tres o más items cualesquiera, se considerarán pacientes de riesgo y se recomienda su derivación a Salud Mental (para valoración psicológica) y a Neurología Infantil.









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Fuentes:
- Desarrollo y Aprendizaje. Sección Especial de MEDICINA Y SALUD ESCOLAR de la Federación Andaluza de Medicina Escolar (FAME)

- Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del adolescente, 2004, 4(2): 127-144, Díaz Atienza, F; García de Pablos, C; Martín Romera, A.