15/1/11

Concepto de Trastornos Autistas

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Imagen obtenida de http://www.buttonsandmore.com/

J. Artigas

Unidad de Neuropediatría. Hospital de Sabadell. Corporació Sanitària
1999, REVISTA DE NEUROLOGÍA



Extracto:

El autismo es un trastorno del desarrollo, de inicio precoz, que comporta alteraciones en:
1. La interacción social;
2. La comunicación y lenguaje, y
3. La flexibilidad de conductas, intereses y actividades.
El concepto de autismo ha ido evolucionando a lo largo de las últimas décadas, pero quizás el hito más relevante haya sido su inclusión entre los trastornos del desarrollo. En 1980, el DSM-III introdujo la categoría de ‘pervasive developmental disorder’, traducido a nuestro idioma como ‘trastorno profundo del desarrollo’ y más tarde como ‘trastorno generalizado del desarrollo’ (TGD).
Cabe decir que dichos términos pueden resultar algo confusos. Si bien en los trastornos autistas se afectan diversas áreas, no existe un retraso generalizado en todos los aspectos del desarrollo. Tampoco el trastorno ha de ser necesariamente profundo, en el sentido de gravedad.
Bajo el concepto de TGD se pretendía crear una categoría que se distanciase tanto de la ‘esquizofrenia infantil’ o ‘psicosis infantil’ como de los trastornos específicos del desarrollo (TED). Eltérmino psicosis quedó relegado a un concepto que incluía síntomas y conductas que se expresan como delirios, alucinaciones, lenguaje incoherente o conducta catatónica. Estos síntomas quedan restringidos dentro de la categoría de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. El otro aspecto que establece diferencias entre autismo y esquizofrenia, destacando el carácter de trastorno del desarrollo, es el criterio según el cual el autismo debe haberse iniciado antes de los 3 años.
La diferencia con los TED viene determinada por el hecho de que en los TGD están afectadas diversas funciones, a diferencia de los TED, donde se afecta preferentemente una sola función. Por otro lado, en los TED, el niño se comporta como si estuviera en un estadio cronológico anterior al que le corresponde. En los TGD existen alteraciones cualitativas que no son normales en ningún estadio del desarrollo.
Estamos, por tanto, ante un trastorno del desarrollo y, como tal admite, una gran variabilidad cuantitativa y cualitativa. La tendencia actual es considerar el autismo como un espectro amplio de trastornos que comparten aspectos comunes, pero ante los cuales está por definir de forma definitiva cuáles son los subtipos que lo integran. Esta idea ha quedado reflejada tanto en el DSM-IV como en el ICD10.
Ambas categorizaciones incluyen bajo el concepto de TGD tanto el trastorno autístico clásico, como trastornos muy próximos al autismo. Dichos trastornos son: el trastorno de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado de otra forma (TGDNE). Junto a estos trastornos las dos clasificaciones incluyen como otro TGD el síndrome de Rett, cuyas diferencias con los trastornos autistas clásicos son considerables. El ICD10 también incluye un trastorno, que merece la pena retener, denominado trastorno hiperactivo asociado a retraso mental y movimientos estereotipados. Es importante resaltar la idea de que estos trastornos no son en modo alguno infrecuentes, sino que, por el contrario, representan una patología neuropsíquica prevalente en la infancia. Todos los estudios epidemiológicos se enfrentan al carácter poco preciso o ambiguo de los criterios que definen el diagnóstico. A diferencia de las enfermedades con un claro marcador biológico, en los trastornos autistas es difícil, cuando no imposible, regirse por una ley del todo o nada. 





Uno de los criterios del DSM- IV para el síndrome de Asperger (SA) establece que no debe existir un retraso clínicamente significativo en el lenguaje. Este criterio se podría interpretar erróneamente en el sentido de que no existe trastorno del lenguaje. Sin embargo, debe interpretarse con referencia a los aspectos formales del lenguaje, los cuales están respetados (palabras simples a los 2 años y frases comunicativas a los 3 años); pero es preciso considerar que este criterio no se refiere a los aspectos pragmáticos del lenguaje, es decir la forma en que el niño utiliza el lenguaje como vehículo comunicativo. Otros autores han definido criterios distintos que ponen en evidencia la afectación del lenguaje comunicativo como uno de los síntomas del SA.
Si bien el TA y el SA tienen unos criterios diagnósticos definidos, no ocurre lo mismo con la categoría TGDNE. Este grupo aparece como residual y, en principio, debería reunir algunos casos excepcionales que se apartan de los patrones típicos. No viene determinada por criterios positivos sino que se limita a dar cabida a los trastornos que comportan una alteración grave en la interacción social y en la comunicación verbal y no verbal, pero sin que se lleguen a cumplir los criterios de trastorno autístico, trastorno de Asperger o trastorno desintegrativo.
A pesar del carácter marginal y pobremente definido, los TGDNE tienen un gran interés por diversos motivos. En primer lugar es la categoría más frecuente, puesto que permite ubicar a un gran número de pacientes, que, sin cumplir los criterios del TA o SA, muestran algunas alteraciones propias del espectro autista. Estos pacientes se presentan frecuentemente en la práctica clínica y, a causa de la imprecisión de la definición de TGDNE, se puede llegar a diagnósticos e intervenciones incorrectas. Diversos autores han destacado la importancia de los TGDNE, por cuyo motivo han intentado definir criterios positivos que avalen dicho diagnóstico de forma más precisa que simplemente por la ausencia de determinados criterios propios del TA o SA. En otros casos, se ha puesto el énfasis en los TGDNE para ofrecer una versión más comprensiva y ajustada a la realidad clínica del espectro autista.

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