11/12/10

Autismo vs. Síndrome de Asperger.

Psicopedagogía.com
El síndrome de Asperger. Artículo de Ángeles López.
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Extracto:
Mercedes Belinchón, doctora en Psicología y profesora de esta materia en la Universidad Autónoma de Madrid, explica que «el síndrome de asperger es un trastorno del desarrollo que se manifiesta en tres ámbitos del funcionamiento: las interacciones sociales, la comunicación y el lenguaje y las habilidades o capacidades de ficción e imaginación». La característica principal de esta alteración es que durante los tres primeros años de vida no se produce retraso cognitivo, es más, los niveles de funcionamiento intelectual son normales o altos. 
Esta psicóloga, junto con otros expertos, está llevando a cabo un estudio, financiado por la Fundación ONCE y denominado 'Diagnóstico, funcionamiento psicológico y necesidades de las personas con síndrome de Asperger' porque «en este momento estos sujetos son los grandes desconocidos y los que menos apoyos estructurales están recibiendo (...) El éxito profesional no depende sólo del nivel de inteligencia, que suele ser alto en este trastorno, sino de habilidades que permiten funcionar dentro de un grupo y de las que carecen las personas afectadas por este síndrome», explica Mercedes Belinchón y añade que «ser muy bueno en matemáticas no es lo más importante». Sus dificultades sociales, emocionales y comunicativas les hace complicado el acceso al trabajo. Estas características son una barrera para la integración académica, social y laboral.
No obstante, hay personas con este síndrome que alcanzan una adaptación social bastante buena, como es el caso de Temple Grandin, profesora asociada en la Universidad de Ciencia Animal de la Universidad de Colorado y famosa diseñadora de maquinaria para el ganado. Ella explica que «pienso en imágenes, las palabras son un segundo lenguaje para mí, cuando alguien me habla inmediatamente traduzco sus frases en imágenes». Algo que, según su opinión, le ha facilitado su labor profesional. A pesar de esta impresionante carrera, esta diseñadora no ha podido deshacerse de las huellas que el síndrome de Asperger ha dejado en su comportamiento. Su voz es estridente, la entonación poco habitual, los gestos de su cara habitualmente no concuerdan con lo que está hablando y su mirada es rara.  «La mayor parte de la gente con este síndrome encuentra muy difícil establecer una conversación casual», explica el Dr. Baron-Cohen. «La patología puede originar que estas personas tengan depresiones o se suiciden —ya que de adultos son conscientes de su enfermedad—, por este motivo si podemos encontrar alguna forma de facilitarles las cosas, sería muy valioso».

Autismo versus síndrome de Asperger
El autismo no es lo mismo que el síndrome de Asperger. En el primero, todas las alteraciones son muy evidentes en los tres primeros años de vida. En los aspergerianos no existe evidencia de retraso cognitivo y en su gran mayoría tienen una capacidad intelectual por encima de lo normal.
Los autistas presentan retraso en el lenguaje en cambio los segundos tienen un vocabulario sorprendente porque es 'pedante' o demasiado culto, además está muy relacionado con el tema por el que estén interesados. En cambio, no todas las limitaciones son para los autistas ya que la torpeza de movimientos parece ser característica sólo en el síndrome de Asperger, aunque no hay un consenso de los expertos sobre este rasgo y además la variabilidad de las alteraciones entre los afectados en muy alta.
Los aspergerianos suelen presentar una buena memoria de repetición, sobre todo de aquello que más les motiva, sea especies de dinosaurios, tipo de aviones, etc. Aunque son muy capaces para el almacenamiento de muchos detalles, el principal problema viene para integrar esa información.
El diagnóstico del síndrome de Asperger es difícil y en muchas ocasiones se realiza en la adolescencia o más tarde, aunque muchos padres empiezan a detectar que su hijo es diferente cuando tiene entre dos y siete años. Las principales características son un desarrollo social anormal (tienen muy pocos amigos o ninguno), un uso del lenguaje extraño (inventan palabras, repiten frases o aprenden a leer por sí mismos) y la presencia de rutinas y rituales (comer siempre en un mismo plato o interesarse por un tema de forma desorbitada).





Según Mª Jesús Mardomingo, jefa del Departamento de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, «todavía no se conocen las causas exactas que originan este trastorno». No obstante, sí se sabe algo de los factores implicados en el autismo, que son similares en el síndrome de Asperger, y que abarcan las alteraciones genéticas (es cuatro veces más frecuente en el sexo masculino), los factores intrauterinos y los del parto como la anoxia –falta de oxígeno— que da lugar a un desarrollo neurológico anormal. Las estructuras cerebrales dañadas, según esta psiquiatra, son la corteza, la amígdala y el hipocampo, son áreas muy importantes para el aprendizaje y las emociones.
«Es evidente que hay una base neurobiológica», afirma Mercedes Belinchón, profesora de psicología de la UAM, que explica que estas causas pueden ser de naturaleza muy distinta, y en muchos casos no hay un origen identificado. Lo que sí está demostrado es que su origen no es sociológico. Las infecciones durante el embarazo podrían producir estos trastornos, pero esta psicóloga insiste que «no hay una sola causa, sino muchas».
No hay estudios claros sobre la incidencia de estos trastornos, en unos se dice que el número de afectados por autismo es de uno por cada 15.000 sujetos, aunque cuando se habla del 'espectro autista', alteraciones menos graves, la frecuencia aumenta a uno por cada 1.000 individuos y disminuye a uno de cada 100 cuando se habla de las formas leves de autismo. En cuanto al síndrome de Asperger, del que hay menos investigaciones, parece que suele darse en uno de cada 300 y que es por lo menos entre dos y tres veces más común que el autismo infantil, aunque los expertos no lo afirman rotundamente debido a la variedad de los datos.





Tratamiento y pronóstico
Hay varios tipos de tratamientos que se complementan entre sí. Los fármacos tratan problemas directamente relacionados con el autismo, como los cuadros epilépticos presentes en algunos casos o las alteraciones del sueño, y también los problemas secundarios como la depresión que aparece en algunos individuos cuando se hacen conscientes de su trastorno. Junto con la medicación, existen otras terapias enfocadas para mejorar el aprendizaje, el lenguaje, las relaciones sociales y las conductas concretas alteradas. Como estos pacientes tienen rituales muy marcados, como por ejemplo acostarse siempre a la misma hora, estén aburriéndose o pasándoselo bien, se intenta flexibilizar su comportamiento.


El equipo de psicólogos Deletrea, asesores de la Asociación Asperger España, explica que los mayores problemas vienen derivados de la incapacidad de procesar conceptos abstractos e integrar la información, y de la dificultad para las habilidades sociales. Por este motivo, aunque sean unos lectores precoces no tiene por qué dárseles bien la lengua o la filosofía ya que ambas materias manejan muchas abstracciones. Suelen preferir asignaturas más concretas y lógicas, como las matemáticas, aunque su éxito en ellas vendrá determinado también por el coeficiente intelectual de cada uno y por la intensidad del síndrome.  A largo plazo, las personas con síndrome de Asperger pueden llevar una vida normal con supervisión, aunque su independencia vendrá marcada en función de las características de su trastorno y de sus capacidades. Además, como explica la psiquiatra Mª Jesús Mardomingo, «este pronóstico también dependerá del medio familiar, social y educativo junto con los recursos de los que disponga la comunidad y de la sensibilidad que exista sobre este síndrome».
Por este motivo, es necesario que los profesionales y la sociedad detecten y conozcan esta alteración del desarrollo para que se reclamen y destinen más ayudas dirigidas a la familia y a los profesores.